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ALFON LIBERTAD

lunes, 19 de mayo de 2014

La gota que no colma

Para una persona sedienta y deshidratada, un vaso de agua resultará un alivio insuficiente para sentirse reconfortada. Con un segundo vaso de agua el alivio será mayor. El tercer vaso de agua en diez minutos puede requerir un momento de descanso en el proceso de hidratación, pero todavía es posible un cuarto vaso de agua al cabo de un rato.

Después de beber un litro de agua en media hora en cuatro vasos de un cuarto de litro, el sentido común nos podría decir que cuanta más agua bebe, mejor se sentirá, y procedemos al quinto, sexto, séptimo y octavo vaso de agua. Dos litros de agua en hora y media y esta persona está empezando a sentir otra necesidad: de la sed a las ganas de orinar.

La  sobrehidratación  puede llevar a la muerte. La felicidad es el conjunto del disfrute del placer moderado de los pequeños momentos. La búsqueda desesperada de la misma puede llevarnos a sobredosis de placeres intensos, pero efímeros y letales.

El sentido común nos puede hacer pensar que cuando algo es bueno, el doble de eso es el doble de bueno.

A menudo, una solución que funcionó en el pasado, pero que actualmente no puede funcionar, bien porque entonces se llegó a esa solución por puro azar y se desconoce el mecanismo que la sustenta, bien porque, aunque el procedimiento fuera adecuado, las circunstancias han cambiado, sigue siendo considerada como válida, generalmente porque no hay alternativas. Cuando esto ocurre, se suele llegar a la conclusión de que lo que falla es la cantidad. Cuando pulsamos un botón en el ascensor o con el mando de la tele para cambiar de canal, si el mecanismo falla, la reacción "lógica" es repetir la acción. Algo parecido a pitar en los atascos: está científicamente demostrado que los atascos de tráfico se descongestionan pitando, pero para ello tiene que pitar todo el mundo y sólo lo hacen los cagaprisas. Es broma. Es decir, si el botón del ascensor está estropeado, se han acabado las pilas del mando (o se ha mojado) y el atasco es de varios kilómetros, esas "soluciones" no funcionan, por mucho que se le dé al botoncito o al claxon.

La gota que colma es la del goteo diario. Pequeñas satisfacciones, pero numerosas. Ver unos minutos cómo juegan los niños. Sentir el aroma de las flores en esta época del año. Una caricia, un beso, un abrazo, una sonrisa. Una tostada con margarina y mermelada de membrillo. Hacer reír a quien amas. Reír. La brisa que al anochecer te trae un recuerdo.







Frente a eso, la avaricia de tener mil pares de zapatos para sólo dos pies: ese lugar ficticio que el capitalismo llama "tercer mundo" no es más que el expolio ejercido por el primero para que nosotros podamos colmar un vaso insaciable.